Last days in Cairo

Los últimos días nos lo tomamos con calma, paseos y cafés y de charla con la gente del hostel. Fuimos a ver la parte “pija” de la ciudad, Zamalek, donde los edificios no están sucios y los cafés y restaurantes son mas caros. Nos cobraron lo mismo por dos zumos que los 4 platos y 2 refrescos que nos tomamos para comer. Volvimos paseando medio perdidos y llegamos al barrio de Bulaq, niños jugando por la calle, señoras tomando el aire sentadas en sus sillas y hombres fumando en los cafés, casas destartaladas con mucha solera. Nos encanta.

Por la mañana intentamos ir al Museo de Arte Contemporáneo, que en realidad es una fundación, pero estaba cerrado por restauración. Pero encontramos el Museo de Arte Moderno y fuimos a investigar. Es enorme y como pasa en el Museo Egipcio, las paredes están repletas de cuadros sin un respiro entre ellos. Es curioso. Y lo es mas entrar: te hacen registrar con número de pasaporte, nombre y demás y enseñar la mochila, que vuelven a abrir cuando te vas. Y

Después de una siesta fuimos a la plaza Falaki y quedamos con Hammed que nos hizo un tour nocturno estupendo. Subimos a su coche, un Lada que por lo menos tenía 25 años, eso si, muy bien cuidado. Nos llevó a un puente donde la gente pesca y puedes tomar Homos Al-Sham, una bebida que es como un caldo que lleva guisantes! Buenísimo! Si es que quien no trabaja es porque ni quiere. Algunos se han montado el negocio con cuatro sillas y cuatro mesas, y por poco dinero disfrutas de esta bebida con vistas al Nilo. Y con los coches pasando a toda velocidad por la carretera. Lástima que es ilegal y antes de terminar tuvimos que irnos porque el dueño se puso a recoger a toda prisa. Le comentamos a Hammed que nos apetecía algo de fiesta, para ver el ambiente de noche, y nos lleva a un bar dentro de una hípica. Lo tenían monísimo con sus cojines en el suelo y mesas bajas, luces de colores y música. Lo único es que éramos los únicos clientes. Se ve que con el tema del Ramadán la gente no sale. Así que después de la coca cola cambiamos de sitio, uno mas tranquilo. Tomamos zumo de frutas natural y shisha en Al-Mokastam Hill, una de las 3 montañas que rodean el Cairo. Las vistas de la ciudad son alucinantes. Pasamos el resto de la noche hablando y hablando hasta que se hicieron las 4 de la madrugada. De vuelta al hostel vimos a los tendederos de ropa recogiendo las camisetas y pantalones que durante horas lanzan hacia arriba para llamar la atención de la gente, algunos barberos todavía tienen clientes y las tiendas de ruedas de coche están abiertas, por si acaso. El Cairo no descansa. Nos despedimos de Hammed con un fuerte abrazo y cargados con muchos mangos que nos regaló. Nos encanta Egipto.

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