Marsa Matruh, vacaciones en la playa

Llegamos y se respiraba otro ambiente, como de veraneo. Es un pueblo turístico de playa, pero para los autóctonos. El taxista nos dejó en un hotel con vistas al mar. Ya eran las 4 de la madrugada.

Nos levantamos tarde y a la playa. Conocimos a un hombre egipcio que estaba con su hija y su novia alemana. Hacía 20 años que se había ido del país y había vivido en muchos sitios, hasta se había casado con una española de Cádiz. La gente se baña pero nadie se aleja de la orilla, se ve que no saben nadar. La mayoría de las mujeres se meten al agua vestidas y algunos hombres con camiseta. Pero no se asustan ni te miran mal si te bañas en bikini. Una gozada.

Por la tarde el chico del hotel, Haissam, nos cambia de habitación por una mejor mas grande y con terraza. Las vistas mucho mejor, al mar y a la mezquita (la otra daba a un solar lleno de basura). Es un chico de 22 años que quiere hablar inglés porque el año que viene tiene planeado ir a Australia a trabajar para ganar dinero. Su sueño es montar una granja de pollos. Ya de noche vamos a dar una vuelta por el pueblo, todo el mundo está en la calle paseando y disfrutando la buena temperatura. Pasamos por un sitio donde hacen pizzas caseras estupendas. Son ciento y la madre trabajando en el restaurante y solo dos clientes, nosotros. El chico que hace la masa hace piruetas con ella y nos deja pasar a su espacio para probar de hacer volar la masa como él. Después foto de rigor y diríamos que era un poco “manos largas”. Nos llevamos la pizza y corriendo al café al lado del hotel a ver la vuelta de la Súper Copa. Estos egipcios son mas del Madrid, una pena por ellos porque ganó el Barça. Es curioso ver el fútbol en árabe. Y otra vez con un refresco como compañero de partido.

Nos quedamos un día mas porque queremos ir a otra playa, estamos de descanso. Haissam nos recomienda Obid Beach que está a unos 25km. El color del mar vuelve a ser espectacular. Hay menos gente que en la del día anterior hasta que llegó un grupo de unas 30 o 40 personas, dedujimos que cristianos coptos (llevaban tatuadas cruces).  Las mujeres con sus vestidos estampados que recordaban a los personajes de Kusturica metiéndose en el agua como si fuera la primera vez que veían el mar, cantaban y bailaban. La viva imagen de la felicidad. Una mujer que andaba por ahí nos dijo que eran gente pobre y que efectivamente no veían nunca el mar y que probablemente era su primera vez. Un hombre mayor del grupo, con su turbante, nos invitó a bañarnos con ellos y él se encargó de guardar nuestras cosas.

De vuelta al pueblo fuimos por la playa, vimos que había movimiento y pensamos que sería mas fácil coger un taxi. Resulta que era un hotel tipo “todo incluido” con su playa privada. El hombre de seguridad y los chicos del hotel alucinaron cuando nos vieron sacar la cabeza por el muro que separaba lo público de lo privado. Y aunque muy amables, no nos dejaron cruzar el hotel para llegar a la carretera. Eran órdenes del hotel. Dimos media vuelta y nos fuimos por donde habíamos venido y cogimos un micro bus. Cenamos bien y hablamos mucho rato con Haissam en el hotel y nos cobró  una noche menos.

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