MIL PEQUEÑAS COSAS QUE NO FUNCIONAN

Un día cualquiera en Etiopía puede empezar con una ducha sin agua, ni caliente ni fría. Preguntas y te dicen que llega en 10 minutos. Pero a las 2horas no ha llegado. Para hacer tiempo pides el desayuno, dos de tostadas y dos cafés con leche. Te llega un café. Al rato el otro y te preguntan si querías algo que comer. 45 minutos después no has terminado el desayuno. Quieres coger un bus y vas al hotel bueno donde se supone que lo saben todo, pero te dicen que hasta mañana no puedes comprar el billete. Llegas a la oficina del bus y no es ahí donde tienes que ir y te indican una estación, que cuando llegas después de 20 minutos resulta que tampoco es esa. Decides ir a otra cosa, a comprar una tarjeta sim para el móvil para llamar al seguro médico y después de pasar por 3 ventanillas la consigues, pero no funciona. Reclamar es otra aventura que te lleva unas dos horas, haciendo venir al jefe en sábado a solucionar el tema. Respuesta: el servicio no funciona. Mientras, observas que hay 9 personas barriendo la misma escalera y 4 personas en una oficina mirando el facebook y charlando animadamente, y piensas que quizás es una buena manera de combatir el paro. Intentas comprar otra tarjeta en otro sitio y después de varios intentos desistes porque hoy no funciona. Quieres conectarte a internet pero se ha ido la luz y no hay conexión. En 10 minutos vuelve, te dicen, pero ya sabes que va para largo. Encuentras otro sitio para conectarte pero no está permitido usar Skype. Después de todo el periplo te apetece una buena cena, te lo mereces, pero aunque la carta tenga 5 páginas nunca está lo que pides. De hecho normalmente sólo tienen un par de cosas, tibs o espagueti. Esto cuando no está en amárico y no hay nadie que hable inglés, entonces su solución es pasar de ti e ignorarte. A pesar de ser mas empleados que clientes, levantas la mano pero nadie te hace caso. Cuando por fin encuentras algo de comer te das cuenta que una vez mas la mesa no es estable y baila. Sois dos y pedís dos platos…nunca llegan a la vez. Y la bebida se convierte en el postre porque aparece cuando ya has terminado. Las cenas siempre son románticas porque la luz, si la hay, es tan de ambiente que no ves lo que comes, aunque a veces casi es mejor. Por fin llega el día en que coges el bus, no a donde tenías planeado pero eso es lo de menos, y aunque aparentemente sale en 10 minutos no arranca hasta que se llena, y se llena mucho. Y no se abren las ventanas a pesar del calor y el olor a humanidad. Y aunque no te apetezca tienes que escuchar música, la del bus o la de algún móvil que está tan fuerte que ni los tapones te aislan.

Hay mil pequeñas cosas que no funcionan pero es estupendo poder vivirlo. 

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