EL GENOCIDIO

Habéis conocido alguna vez a una víctima de un genocidio? Nosotros si. Se llama Jean Paul, Pablo para los amigos. Tiene 31 años y su madre fue asesinada en el 94. Lo escenificó pasando su dedo por el cuello, quizá fuera degollada. Y se quedó huérfano de la noche a la mañana. Su padre hacía tiempo había vuelto a Congo, su país. Dice que la vida sin una madre es muy dura y que tocó fondo pero intenta salir adelante. Como Pablo hay miles de ruandeses en su misma situación, huérfanos, viudas y viudos, familias rotas, gente mutilada, con heridas que rompen el alma y con unas secuelas muy difíciles de borrar.

Durante 100 días de 1994, un millón de ruandeses tutsis y hutus disidentes murieron asesinados. Pero antes y después de este periodo hubo otras muchas muertes.

En este post solo queremos contar, aunque sea por encima, que pasó en este pequeño país hace menos de 20 años. Pero vale la pena indagar un poco para conocer esta realidad que nos queda tan cerca.

No es el único genocidio del siglo XX.

Para situarnos

Ruanda fue colonizada primero por los alemanes y luego por los belgas. Lograron la independencia en 1962.

En la época belga se introdujo un tarjeta de identidad que separaba los ruandeses entre tutsis, hutus y twa (pigmeos). Mas de 10 vacas: tutsi. Menos de 10 vacas: hutu.

Esta era una clasificación socio económica que no respondía a la realidad del país, hutus y tutsis convivían sin problemas, se casaban entre ellos y asistían a las mismas escuelas. También se hizo una distinción racial que respondía a la teoría Hamítica que aseguraba que los tutsis eran originarios de Abyissinia (Etiopía), físicamente distintos a los hutus y superiores. Mientras los tutsis eran mas altos, esbeltos y con la nariz mas pequeña, los hutus tenían una nariz mas ancha y eran mas bajos. Todo esto quedaba reflejado en las tarjetas de identidad. Erróneamente los belgas dividieron el país en un 15% tutsis, un 84% hutus y un 1% twa. La minoría tutsi era la clase privilegiada dejando a los hutus con pocas oportunidades. La iglesia católica jugó también un papel importante sobretodo en las escuelas, ratificando la racista teoría Hamítica.

Los tutstis defendían la monarquía y tenían sus reyes mientras que los hutus estaban en contra. Cuando la administración belga considerró que las reivindicaciones de estos eran desmesuradas empezaron a respaldar a la mayoría hutu y la rivalidad entre los dos grupos se agudizó.

En 1962 Ruanda, liderada por los hutus, consiguió la independencia y la ONU exigió que se celebrara un referéndum, el resultado del cual fue un 80% en contra de la continuidad de las monarquías tutsis. Como consecuencia miles de tutsis tuvieron que exiliarse y estos refugiados tenían prohibido volver a Ruanda. Al cabo de unos años algunos de estos exiliados en Uganda crearon el Frente Patriótico Ruandés.

G.Kayibanda fue el primer presidente del país después de la colonización, la economía era esperanzadora y a pesar de las diferencias acumuladas entre hutus y tutsis convivían mas o menos en paz. Pero en 1972 fueron asesinados 350.000 hutus a manos de tutsis en Burundi y provocó un sentimiento antitutsi en Ruanda y la población pedía mano dura al presidente Kayibanda. En 1973 se produjo un golpe de estado y el general Habyarimana se proclamó el nuevo presidente. Factores económicos externos, como el descenso del precio del café, principal producto de exportación, y otros internos, sobre todo la corrupción en el Norte del país comenzaron a provocar nuevas tensiones en la segunda mitad de los 80. El cada vez peor estado de la situación económica y la acusación de los tutsis exiliados de no ser permitida su vuelta al país, fueron las razones principales que provocaron la Guerra de Ruanda. En octubre de 1990 el Frente Patriótico Ruandés con el apoyo del ejército, invade Ruanda desde Uganda. Y en 1993 los dos países firman un acuerdo de paz conocido como los Acuerdos de Arusha y se crea un gobierno de transición compuesto por hutus y tutsis.

La Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, dirigidas por las facciones hutus mas extremas, empezó una campaña de odio contra los tutsis. El mensaje era claro: los hutus han pasado penurias por culpa de los tutsis, los tutsis deben morir, deben desaparecer. Se animaba a los hutus a hacer “su trabajo” que consistía en aniquilar a los tutsis y a los hutus que tuvieran relaciones con las cucarachas, que era así como llamaban a los tutsis. Y se hizo creer que los tutsis preparaban un genocidio contra los hutus. Estos mensajes se difundían día a día e iban dirigidos a hombres y mujeres de cualquier edad. El ejército ruandés, animado por los mensajes de la RTLM, entrenó y equipó a sus milicias, conocidas como la Interahamwe que habían trazado un plan para exterminar de una vez por todas a los tutsis y solo en Kigali se preveían 1000 muertes cada 20 minutos.

Un miembro del equipo de seguridad del presidente Habyarimana alertó a un coronel de las Naciones Unidas de este plan de exterminio y temía que el presidente hubiera perdido el control de los extremistas. Este informante pidió seguridad a cambio de información pero todos los intentos del coronel fueron en vano y sus superiores de Naciones Unidas le sugirieron que debía alertar al presidente ruandés sobre el supuesto plan. El informante desapareció.

1994

En abril de 1994 el avión en el que viajaban el presidente de Ruanda y el de Burundi se estrelló. Todo apuntaba que los extremistas hutus eran los responsables. Una hora después del “accidente” empezó una masacre que duró 100 días y acabó con la vida de un millón de personas.

Las atrocidades que se cometieron en este pequeño país se escapan de toda imaginación. Usaban machetes para mutilar y después matar a las víctimas. Todo sufrimiento era poco. Los genocidas cortaban tendones de pies y manos, violaban mujeres y niñas, quemaban casas e iglesias con gente dentro, decapitaban y cortaban las extremidades para luego esparcirlas por la calle. Algunos tuvieron mas suerte y murieron de un disparo.

Vergüenza

Y la comunidad internacional no hizo nada. A pesar de las alertas, de saber que algo iba a pasar…nada. Francia apoyaba el gobierno de Habyarimana, los trabajadores de ayuda humanitaria fueron evacuados. Pero nada. En la radio los mensajes de odio y amenazantes de mata o morirás se oían cada día. Pero nada. La prensa internacional solo comentó que era una guerra entre hutus y tutsis y que se mataban a machetazos. Y lo que estaba pasando era un genocidio en toda regla.

El genocidio fue financiado, por lo menos en parte, con el dinero sacado de programas de ayuda internacionales y se estima que se gastaron 134 millones de dólares en la preparación. Francia había prestado apoyo logístico y militar al gobierno de Habyarimana desde hacía años y le respaldó hasta los acuerdos de Arusha. Cuando el FPR invadió Ruanda para intentar frenar el genocidio miles de hutus, temiendo represalias, se exiliaron a países vecinos donde se crearon campos de refugiados, el mas grande en Congo. El ejército francés permitió a las milicias hutus, responsables de las matanzas, a refugiarse en estas zonas seguras, donde controlaban la ayuda humanitaria que llegaba y se volvían a organizar para seguir con su plan de exterminio. Mientras tanto, los supervivientes tutsis y hutus en Ruanda no sabían donde esconderse y morían de hambre. Pero la prensa internacional, ahora si sobre el terreno, solo comentó la situación en los campos de refugiados, había un brote de cólera y hubo algunos muertos. Pero de lo que sucedía en realidad poco sabían.

La primera embajada en abandonar Ruanda fue la estadounidense y durante el genocidio puso todo tipo de impedimentos a las ONU para poder actuar y parar el conflicto. El gobierno norteamericano no usó nunca la palabra genocidio para describir la situación que se vivía en Ruanda sino que lo definía como actos de genocidio. Haber hablado de genocidio hubiera obligado a intervenir en el conflicto.

La iglesia también tuvo su papel durante el genocidio. Tutsis y hutus disidentes se refugiaban en las iglesias sin saber que se convertirían en sus tumbas. La Interahamwe sabía donde acudir y contaba con la ayuda de clérigos y monjas. Los casos mas conocidos son el del padre Wenceslas Munyeshyaka, líder en la catedral de Kigali, que escapó a Francia con ayuda de sacerdotes franceses pero fue posteriormente acusado de genocidio por haber aportado listas de civiles a la Interahamwe y por la violación de jóvenes refugiadas. Y el del obispo de Gikongoro, que en mayo de 1994 se presentó junto con la policía ante un grupo de 90 niños tutsi que se encontraban retenidos. El obispo les dijo que no se preocupasen porque la policía los cuidaría. Tres días después la policía colaboró en la masacre de 82 de estos niños.

El arrepentimiento

Años después, líderes como Bill Clinton, que visitó Ruanda sin salir del aeropuerto, Kofi Annan o el primer ministro belga pidieron perdón por no haber movido un dedo para ayudar a Ruanda, asumieron responsabilidades y se lamentaron por lo sucedido prometiendo, una vez mas, que no volvería a suceder un genocidio.

Pero Ruanda tuvo que volver a la normalidad. Ahora si, con ayuda internacional: carreteras asfaltadas, electricidad…Y hutus y tutsis vuelven a convivir, porque al fin y al cabo son ruandeses.

Comments
2 Responses to “EL GENOCIDIO”
  1. viatxans dice:

    Molt bé!!!!! Si, si….recordo aquelles imatges de Ruanda, amb gent matan-se a machetazos! Que béstia eh? I la pregunta era: on està Ruanda…ben poca gent ho sabía…curiosament, mentre hi havia genocidi a Ruanda, es preparava també un genocidi a Europa, a Bosnia, i els mateixos actors, ONU, USA i Europa van fer el mateix, mirar cap a un altra banda i enriquir-se amb la guerra….
    Bé, seguiu amb aquets reportatges que son molt bons!

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