TURISMO ALTERNATIVO

No hay quien nos supere, somos los gurús del turismo alternativo. La gente va a Tailandia a hacer trekking por la jungla, bañarse en sus preciosas playas, hacer submarinismo, salir de marcha…Nosotros hemos estado 11 días en un pueblo sin mar y 4 días en Bangkok. Y qué?!

Lamentablemente esta “anti-ruta” no ha sido por voluntad propia. El accidente de bus en Camboya ha trastocado nuestros planes y de momento el destino mas afectado ha sido Tailandia, por no hablar de Myanmar que no hemos podido ni coger el vuelo que habíamos comprado.

 

Atrapados en Trat

No hay mucho que hacer en este pueblo y no es especialmente bonito. No está mal pero no hace falta quedarse mas de una noche si no es necesario. Tiene un mercado de noche que a las 22:00 cierra, algunos restaurantes…Nosotros coincidimos con un festival gastronómico y suerte que vino la prima de Marta un día. Los viajeros y turistas paran en este pueblo para coger autobuses o para ir a Ko Chang.

Y os preguntaréis, porque estuvimos tanto tiempo?

Ramon debía volver cada día al hospital hasta nuevo aviso porque el médico le tenía que limpiar la herida de la rodilla. Es curioso que sea el mismo médico el que la limpia y le pone la venda. La enfermera solo prepara los instrumentos.

La verdad es que nos podíamos haber ido y hacerle las curas en cualquier centro médico pero, quien es el valiente que coge un bus? Fuimos alargando el momento hasta que fue inevitable porque caducaba el visado.

Ramon pasó dos noches hospitalizado y mientras él gozaba de una cama estupenda con miles de posiciones, Marta dormía en un sofá tapada con una toalla. Y mientras a Ramon le llevaban cada día una carta para escoger el menú (3 veces al día) Marta tenía que pagarlo…pero era tan abundante que optamos por compartir (de verdad que con un menú de 3 platos bastaba para los dos).

Cuando nos dieron el alta fuimos a un hotel justo al lado del hospital, muy correcto con casi todo lo necesario pero era un lugar triste.

Buscamos en el centro y encontramos uno interesante. Fue entonces cuando descubrimos una nueva categoría hotelera: Boutique. Son lo que llamaríamos alojamientos con encanto pero no rústicos, mas bien modernos y de pocas habitaciones. Estábamos tan cómodos y a gustito que no salíamos de la habitación si no era estrictamente necesario. Nos convertimos en unos auténticos “roomers” (así es como llaman Gemma, la prima de Marta, y Carles a los que no se mueven del alojamiento).

Y tuvimos que cambiar de sitio por tercera vez. En esta ocasión gozábamos de vistas al río, del desayuno de los campeones y tenía detalles del tipo toallas dobladas en la cama en forma de cisne…

Es fácil acostumbrarse a los lujos…sobretodo si se lo pagan a uno!

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