CAMINOS TORTUOSOS II: VUELTA A EMPEZAR

  

El mundo al revés

Solo de pensarlo nos dolían los huesos pero hay que volver y la única opción es deshacer el camino.

Paso 1: 3 horas en canoa cuando todavía es de noche (no cometáis el mismo error que nosotros, hace frío y es necesario un jersey)

Paso 2: camión de Pagui a Wewak. Volvemos a sentarnos en la cabina, pasamos por el mismo mercado y las mismas aldeas pero esta vez es de día y contemplamos el paisaje, simplemente espectacular.

Paso 3: Ahora viene lo complicado. No encontramos coche ni camión directo a Vanimo así que nos conformamos en llegar a Aitape. Un conductor nos dice que en una hora sale y que podemos ir con él, incluso nos reserva cabina. “Qué suerte tenemos!” exclamamos entusiasmados. Pero se fue a buscar una carga y nunca volvió, nos dejó tirados.

Eran casi las 14h cuando encontramos a Gabriel, el dueño de un coche. No tenía muy claro si dejarnos subir con él pero al final accedió. “Tenemos que recoger unas cosas y nos vamos” dijo. Pero nunca hay que creer este tipo de afirmaciones. Fuimos a un almacén a recoger una carga que los otros pasajeros ayudaban a colocar. Es el mundo al revés! El pasajero, que paga una buena suma de dinero para este trayecto y además no tiene asiento sino que va incomodísimo en la parte trasera, ayuda en las tareas de carga y descarga y en lo que haga falta. Y el dueño, en lugar de ir cómodo en el asiento del copiloto se sube en la parte trasera a sufrir como el que mas. Aunque se nota que este hombre hace el trayecto muy a menudo…Hasta roncaba!

El caso es que siguiendo el PNG time, después de esta carga fuimos a cambiar una rueda, a poner aceite en otro taller y al pueblo de Gabriel para acabar de concretar unas gestiones. Son casi las 18h cuando el coche arranca de verdad.

El río debe bajar

Íbamos bastante rápido pero hay que reconocer que el conductor era bueno y daba confianza. De repente paramos. “Qué pasa?” Le pedimos al dueño. “Pues que el río va demasiado cargado y no podemos cruzar, debemos esperar un par de horas. Podemos dormir si os parece”. Gabriel se tumba y se tapa con la manta. Nos miramos y no sabíamos ni que decir. Y sí, el río llevaba mucha agua que baja con furia, si lo intentamos la corriente nos lleva. Resignados intentamos encontrar una postura no demasiado dolorosa para cerrar los ojos. Pero da un poco de respeto estar parados de noche en la selva teniendo en cuenta que algunos coches han sido asaltados y justo un rato antes alguien nos lanzó una piedra que le dio en toda la mano al copiloto. Mas vale pensar en otra cosa.

Al final fueron 3 horas de espera que se hicieron eternas pero cruzamos y aplaudimos a nuestro conductor. Y unos ríos después, casi a las 2 de la madrugada llegamos a Aitape, sucios, muertos de frío y magullados. Por suerte ya habíamos llamado a Leo (el responsable del recinto sanitario de Raihu) y nos esperaba con la habitación preparada. Simplemente nos tiramos sobre el colchón.

Peter

Después de pasar un día buscando por Aitape la manera de salir y llegar a Vanimo, nos presentamos delante de los banana boat y vimos a un “walli” (blanco). Hacía el mismo camino así que subimos a la misma barca. Esta vez el clima acompañó y en solo 4 horas nos plantamos en Vanimo. Le dijimos que viniera a la aldea de Lido con nosotros y se quedara en la casa de Bridget y se apuntó. Vaya personaje!

Peter es americano y tiene 60 años. Lleva 40 viajando y ha recorrido medio mundo, o tres cuartas partes! Habla por los codos, tiene miles de historias que contar y es entrañable. Se siente un poco incomprendido por sus allegados por el estilo de vida que lleva, trabaja unos 5 meses en su empresa de construcción y el resto del año viaja. La próxima aventura es hacer el trekking mas largo del mundo que va desde Florida a Canadá y de paso visitar a su familia que está en Connecticut. Salta en paracaídas, no tiene televisor en casa (que ahora ha vendido) y recuerda con nostalgia lo buena que es la música de los 60.

Pasamos un par de días muy divertidos en casa de Bridget con Peter contando batallitas sobre nuestro viaje en PNG. Y comimos como si fuera la última vez devorando cada uno de los platos que preparaban las chicas. Llegamos hambrientos del Sepik…

 

 

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