EL NORMAL DÍA A DÍA

  

Queremos ir a un sitio normal, sin mas. Un poco de normalidad nos sentará de maravilla, así que nos decantamos por Masaya, una pequeña ciudad que no tiene nada en especial. Se dice que es la ciudad del folklore nicaragüense y de la artesanía, pero en realidad el famoso mercado artesano son tiendas de souvenirs no demasiado interesantes. Está cerca de la famosa Granada, del volcán Masaya y de los Pueblos Blancos, fantástico.

Nos alojamos en casa de una familia que ha montado un par de habitaciones a buen precio y conocimos a un chico de Badalona, la ciudad natal de Ramon. Salimos al parque a tomar unas cervezas, hay mucho ambiente porque es la vigilia del 33 Aniversario de la Revolución Sandinista y al día siguiente es fiesta. Charlamos de viajes y países, del rescate de España y los recortes y brindamos para no llorar.

Nos tomamos el día libre, no queremos hacer nada. Masaya está cerrada, todo el mundo se ha ido a Managua a ver el discurso del presidente en el día del aniversario así que la paz y la calma reinan en la ciudad. Nosotros paseamos, comimos en un restaurante mexicano (caro, escaso y no muy bueno) y aprovechando que tenemos televisión en la habitación miramos miles de informativos, y en todos aparece España y las movilizaciones ciudadanas…que miedo da regresar…eso cuando el discurso sandinista del presidente lo permitía porque cuando él hablaba todos los canales pinchaban la señal, lo ves o lo ves!

  

Después de un par de días es hora de cambiar y nos trasladamos a Catarina, a 6km. Forma parte de los Pueblos Blancos y es famoso por su mirador desde donde se observa la Laguna de Apoyo y la ciudad de Granada. Las vistas son preciosas pero a pesar de su belleza unas chicas muy despampanantes se llevaron todas las miradas. Todas excepto las de dos parejas que con unas cervecitas de mas bailaban al son de los músicos.

 

Catarina es un pueblo muy pequeñito también conocido por su artesanía, que una vez mas son sobretodo souvenirs. Aunque muchos turistas y viajeros pasan por aquí casi nadie se queda a dormir y es una pena porque es un lugar tranquilo donde se ve el día a día de la gente local. Todo el mundo es encantador y todos se conocen, así que fue fácil encontrar la casa de doña Rosita, esposa del que fue alcalde, para que nos hiciera la colada. Y Reyna, la dueña de la pulpería donde compramos el agua, ya nos gritaba por el nombre cuando nos veía por la calle.

Nos encantan los sitios normales.

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