MANZANILLO, CON MUCHA CALMA

 

Con el afán de hacerlo todo solos a veces nos encontramos en situaciones…ejem…cómicas e incluso ridículas. En Manzanillo hay un Parque Nacional espectacular pero para empezar la caminata hay que cruzar una especie de río. Vimos una barca que lleva a los visitantes de un lado a otro pero nosotros ni se nos pasó por la cabeza. Total, son un par de zancadas.

Primer intento: nos subimos los pantalones hasta las rodillas pero a los dos pasos a Marta le llega el agua al ombligo,

Segundo intento: Nos quitamos pantalones y camiseta y con los brazos en alto cargando con cámara, trípode y ropa caminamos. A Marta le llega el agua al cuello. Por cierto, el agua es de un color rojo radioactivo.

Muertos de risa nos secamos como pudimos y empieza a llover, a diluviar. Y de repente vemos como una mujer cruza con un bebé en brazos solo mojándose los tobillos! El camino para pasar estaba a un par de metros.

 

Nos adentramos en la selva por caminos de lodo que nos hacen resbalar, no hay nadie, solo nosotros dos. El espectáculo es increíble, árboles gigantes de especies desconocidas, flores y plantas y animales. Están ahí, no los vemos pero los oímos. Después de la lluvia los monos empiezan a moverse entre los árboles y los pájaros alzan el vuelo. También nos topamos con una serpiente perfectamente camuflada en una rama. Y fuimos hacia el mar y encontramos un paisaje único, las olas del caribe rompiendo ferozmente contra las rocas, el agua nos salpica y solo podemos pensar en lo afortunados que somos de presenciar esta maravilla. Hay veces que es tan complicado describir un paisaje…y ya que el sol ha salido nos vamos a pegar un baño, nos lo merecemos! Encontramos una pequeña cala con el agua un poco mas tranquila y “al agua patos”…está fresquita pero es una gozada. Al final nos iremos de Costa Rica con un buen sabor de boca.

 

Regresamos corriendo al restaurante donde nos guardaban las mochilas, queremos llegar a Panamá hoy mismo. Pero…el bus ya ha salido y no hay otro hasta dentro de 3 horas! Unos chicos se convirtieron de repente en taxistas y nos llevaron a Puerto Viejo desde sonde salen los autobuses a la frontera. Y de camino una iguana gigante paró el tráfico porque no quería salir de la carretera…

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