IRAN Y VOLVERAN

 

Un día de invierno en una casa de campo. Hace frío y el plan es quedarse delante de la chimenea. Nos perdemos en la biblioteca de viajes ubicada en una de las habitaciones y cae en nuestras manos una revista Altaïr de Irán. No podíamos desprendernos de ella. Desde aquél día el objetivo era claro: visitar el país de los Ayatolás. Curiosamente y mucho tiempo después conocimos a Pablo Sigismondi, uno de los autores de la revista. Fue en Nairobi durante nuestra vuelta al mundo.

Desde el hallazgo de la revista tuvieron que pasaron 4 años hasta que pudimos realizar el viaje pero al fin en 2009 volamos a Teherán, apenas dos meses después de las controvertidas elecciones que volvieron a dar el poder a Mahmud Ahmadineyad. Todo lo que sabíamos sobre Irán venía de los medios de comunicación y como sabréis las noticias nunca eran positivas así que nos dedicamos a investigar y a contactar con gente que conociera el país. Y como suele pasar las versiones distaban muchísimo las unas de las otras.

 

Llegamos a la capital un mes de agosto y nada mas salir del avión Marta tuvo que cubrirse el pelo con un pañuelo. Es obligatorio para todas las mujeres sin excepción. Habíamos decidido ir directamente al Monte Damavand y dejar la ciudad para el final. Cogimos un coche que nos llevó a Abkarm, un pueblecito a los pies de la montaña de mas de 5.000 metros. Lo primero que descubrimos es la hospitalidad y generosidad de los iraníes. Una familia nos invitó a comer, nos dio alojamiento y trataron de informarnos como llegar al punto de salida para la caminata. Pronto al día siguiente empezamos a caminar y caminar, el paisaje es espectacular al igual que el calor. Después de mucho rato llegamos al primer refugio (normalmente la gente llega a este punto en coche y luego va subiendo…). Un pastor nos ofreció te y con gestos y dibujos hablamos de política, de economía y de nuestras vidas. Ramon decidió seguir subiendo y Marta se quedó echando una siesta.

Visitamos Chalús en el mar Caspio, también conocido como la “costa azul” iraní en época del sha. Subimos a un teleférico sin hacer ni un minuto de cola, somos “VIPS” según algunos y todos quieren sentarse con nosotros. En Irán no hay mucho turismo y menos sin grupo. Todo el mundo nos mira, somos el centro de atención y los mas atrevidos se acercan a hablar con nosotros. Los iraníes son encantadores y muy amables pero apenas hablan inglés.

Sin saber como llegamos a Tonekaban pero nos recomiendan Javaherdeh, un pequeño pueblo de montaña. De camino contemplamos como algunos jóvenes abrían sus maleteros y subían el volumen de la música, las chicas se sacaban el pañuelo y dejaban al descubierto sus preciosas melenas, bailaban. En Irán todo está prohibido pero hecha la ley hecha la trampa! Javaherdeh no nos entusiasmó y nos dirigimos a Massouleh. El camino es precioso, verde, campos de arroz…Aquí se elabora la famosa galleta de Massouleh, curiosa pero buena. La idea es llegar a Tabriz pero los dueños del alojamiento no están y tienen nuestros pasaportes. Perdemos el bus y solo pudimos alcanzar Ardabil donde hay un bazar interesante. El hotel era de los mugrientos de verdad pero para una noche todo es válido. En Irán sucede que hombres y mujeres no suelen o no pueden dormir juntos, al menos en los tipos de hoteles que nosotros frecuentamos, y cada vez era la misma odisea, enseñar pasaportes, firmar papeles, asegurar que estamos casados…por suerte casi siempre íbamos de la mano de algún ciudadano que nos ayudaba con los trámites.

 

Ya en Tabriz conseguimos un alojamiento un poco mas digno y el viernes fuimos de picnic a Kandovan, la capadocia iraní. Es muy bonito! Miles de familias ocupan el parque con tiendas, barbacoas y demás enseres. Pasean, comen, hacen la siesta…lástima que sean tan sucios, hay basura por todas partes. Una familia nos invitó a comer hasta reventar, carne, verduras, zumos y batidos…increíble! Y después del ágape volvimos a Tabriz y dimos vueltas alrededor del parque Shapoli. Como no se puede hacer nada y no hay actividades de ocio, la principal atracción es dar vueltas a este parque y charlar (nada de cogerse de la mano, nada de gestos indecentes). Es increíble como el lenguaje corporal sustituye al oral, como las miradas se convierten en los labios y como se flirtea entre tanta represión. Muy bajito, un chico nos cuenta que tiene novia pero que no puede estar con ella a solas ni cogerle la mano. No le gusta la situación de su país, ni a él ni a las decenas de jóvenes con los que hablamos durante el viaje.

Volamos a la ciudad de Shiraz, que nos encantó: mezquitas imponentes, el bazar, gente…Comimos helado en los jardines de Hafez, el poeta mas famoso del país. Y con la boca abierta nos quedamos cuando visitamos Persépolis. Que maravilla! Increíble lo bien conservado que está pero mas increíble es el ridículo precio de la entrada. Y estábamos solos! Solamente una familia iraní recorría esta antigua ciudad. Fuimos también a Naqsh e-Rostamb, unas tumbas escarpadas en la piedra muy interesantes.

 

Un bus nocturno nos lleva a Kermán a las puertas del desierto salado de Lut. Es demasiado pronto y pegamos una cabecita en un parque hasta que la policía nos invitó a abandonar el lugar. Queríamos contactar con un guía para conocer el desierto pero no está en la oficina. Una mujer lo conoce y le llama: llega en una hora, perfecto! Después de negociar el precio apareció con un coche destartalado y empezamos la ruta. El calor es insoportable, estamos a unos 50 grados, asegura el guía. Vimos los Kaluts y el río salado y acampamos en medio de la nada. Por primera vez dormimos en un desierto en el que hace calor! El guía saca su botella de vodka y brindamos por nuestra nueva amistad. Como siempre, los tours no son nunca lo que parecen y salimos un poco decepcionados aunque el desierto es impresionante y merece una visita

Descartamos Bam porque todo el mundo afirmaba que no quedaba nada de la antigua ciudad amurallada después del devastador terremoto de 2003. Cogimos nuestros bártulos y fuimos a Meymand, un pueblo escarpado en la piedra. La gente vive en cuevas! Lo estaban restaurando con la idea de atraer mas turistas. Y de aquí a Yazd, ciudad de adobe. Comimos camello estofado y subimos a las torres del silencio, santuarios de la religión zoroastriana. Muy recomendable. Y por fin Esfahan, la joya de la corona. Mezquitas alucinantes, mosaicos de locura, devoción…Visitamos el barrio cristiano de Jolfa, compramos unas alfombras persas y asistimos a una sesión de Zurkhade, una especie de baile-gimnasia muy curioso. Nosotros no podíamos parar de reír, una de esas situaciones en la que verdaderamente no puedes parar de reír. Una pareja nos invitó a un picnic, los únicos que conocimos que respaldaban y amaban a su presidente.

El tiempo se agota y tuvimos que dejar atrás Qom, una pena. Teherán es la última parada y no necesita mas de un día. Es fea, gris, el ambiente que se respira no es alegre, es duro, pesado. Delante de una comisaría hay mucha gente sentada en el suelo, esposada bajo la atenta mirada de policías y militares. Ahmadineyad vuelve a gobernar a pesar de las acusaciones de fraude en las elecciones. Los iraníes se apresuran a decirnos que ellos no son como el gobierno, que ellos quieren libertad. Nos pedían nuestra opinión sobre su país porque les preocupa la imagen que se proyecta. Y asombrados nos preguntaban porqué habíamos escogido Irán, porqué queríamos visitar su país. Y siempre respondíamos lo mismo: es un país precioso, especial, con una variedad de paisajes asombrosos pero sobretodo nos enamoramos de su gente. Hospitalarios, generosos, amables, simpáticos…que pena que se distorsione tanto la imagen de un país…

100% recomendable. Fuimos y volveremos!

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