DESCUBRIENDO EL PRÓXIMO ORIENTE: JORDANIA Y SIRIA

Palmira, Siria Petra, Jordania bazar, siria

Cada vez que visitamos un país pasa a formar parte devidas y todo lo que suceda en él nos interesa y nos afecta. No os podéis imaginar lo mal que lo estamos pasando cuando vemos las terribles imágenes del conflicto sirio. Conocimos a su gente, hicimos amigos con los que todavía nos escribimos y ver toda esta destrucción nos rompe el corazón.

El viaje a Siria sucedió de forma inesperada. No contábamos con poder realizar un viaje el verano de 2006 pero los astros se alinearon a nuestro favor y de repente teníamos unos pocos días. Llamamos a nuestro amigo Marc, viajero apasionado y trabajador en una agencia de viajes. Donde vamos con menos de 20 días? “Jordania y Siria, sin lugar a dudas”! dijo entusiasmado. La verdad es que teníamos ciertas reticencias, era de los típicos sitios que nos daba pereza. Pero Marc no acepta un No por respuesta. Y efectivamente, tenía toda la razón del mundo. Es un viaje fascinante.

Petra, Jordania Petra, Jordania  Petra, Jordania

Primera parada Petra. Nada mas llegar a la capital jordana tomamos un bus al sur para ver esta maravilla. Nadie hablaba ni una palabra en inglés, todo está en árabe. Por suerte una estudiante de este idioma corría por ahí y nos echó una mano. Dormimos en la buhardilla de un hotel, sin ventanas y por primera vez oímos la llamada a la oración de la madrugada. Creo que la primera impresión es de miedo, de cuento de misterio. Luego te hipnotiza. Y antes de la salida del sol nos dirigimos rumbo a Petra. Uau! Es una belleza, es impresionante, es indescriptible. Hicimos el recorrido andando y llegamos agotados al final. Simplemente espectacular. Con un calor de mil demonios volvimos al hotel y nos fuimos a Aqaba, a ver el Mar Rojo. Pero Aqaba no nos gustó nada, muy turístico, no sabías si estabas en Jordania o en cualquier otro lugar de costa. Vimos el mar y corriendo al desierto. Wadi Rum es de los desiertos mas bonitos que hemos visto. Dormimos sobre la arena con un par de mantas y gozamos de la puesta y la salida del sol. Los desiertos son mágicos!

Desierto Wadi Rum, Jordania Desierto Wadi Rum, Jordania Jordania

Y cuando uno va a Jordania tiene que bañarse en el mar Muerto. En principio está montado de manera que solo puedes acceder a través de hoteles, que te cobran entrada, la ducha y lo que se tercie. Pero si coges un autobús público cualquiera y te paras cuando ves el mar, te metes sin problemas. Eso si, hay que ser un poco discreto, es una sociedad musulmana y ver a chicas en bikini fuera de los hoteles puede ofender, y sobretodo llevar mucha agua para quitarse la sal después del baño. Pica mucho. Muchísimo. Y cuidado con las heridas….es una experiencia curiosa.

Dimos una vuelta por Amman, la capital, pero no nos entusiasmó, así que decidimos que era el momento de cruzar a Siria. Un taxi compartido nos llevó hasta la frontera y el primer contacto con el país fue Daraa. La memoria nos falla pero casi aseguraríamos que fuimos directos a Damasco. Y casi sin parar seguimos hacia el norte, dejamos la capital para el final. Paramos en Homs, hoy destruida por los bombardeos. Era una ciudad bonita y la recordamos tranquila. Bueno, todo lo tranquila que puede ser una ciudad musulmana con sus bulliciosos bazares. Y por fin llegamos a Palmira. En medio del desierto se levantan las ruinas de la antigua ciudad nabatea. Estaba muy bien conservada y explorarla al atardecer no tiene precio. También está amenazada por la guerra. Aquí conocimos dos chicos gallegos que llevaban viajando 18 meses. Fueron los primeros que nos dijeron que Sí se puede dar la vuelta al mundo.

crack de los caballeros, Siria Siria Palmira, Siria

Desde Homs fuimos al Crac de los caballeros, un enorme castillo de la época de las cruzadas. Las vistas son espectaculares y se conservaba en buen estado. Nos encantó. La verdad es que teníamos pocas expectativas de Siria y desconocíamos que nos íbamos a encontrar. Y fue una grata sorpresa. Los enormes molinos de agua de Hama nos dejaron con la boca abierta. Los chicos combatían el calor metiéndose en el río y tirándose desde lo alto de estas impresionantes estructuras de madera. La ciudad es preciosa, igual que Aleppo. Fue aquí donde conocimos a Wassem y Joseph, dos amigos que tenían entonces 18 años y nos echaron una mano con un taxista que quería cobrarnos de mas. Empezamos a hablar, tomamos un refresco y quedamos en la mezquita para el día siguiente. Y sin rechistar fuimos a casa de Wassem a cenar donde estaba también un irlandés. Comimos de maravilla y cantamos y bailamos con toda la familia. Fue una velada estupenda. Y desde entonces mantenemos el contacto. Nos confesaron el miedo que tenían de ir al servicio militar, una experiencia nada recomendable. Como alternativa podían irse del país pero no podían volver hasta pasados unos 7 años! Hoy algunos de ellos viven en Arabia Saudí, pero de Joseph no sabemos nada.

Antes de ir a Damasco nos desviamos a un pueblo descrito en la guía como polvoriento, cerca de la frontera con Irak. Nos picaba la curiosidad. Y no decepcionó. Llegamos de noche y acabamos compartiendo un pollo entero con el chico del hotel mirando vídeo clips de chicas con poca ropa. Y al día siguiente, viernes, pasamos por el mercado callejero. Fue un buen día.

La última parada es Damasco, una ciudad muy bonita y con solera, con sus bazares, gente variopinta…La verdad es que disfrutamos muchísimo este viaje, sobretodo en Siria, donde la gente es extraordinaria. Ahora solo deseamos que el conflicto termine ya.

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