SALTO A CERDEÑA

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Salimos de Mahón con un mar como un plato. Muy pronto dejamos de oír el rum-rum del motor cuando aparecen numerosas tortugas durmiendo apacibles en la superfície que se sumergen asustadas al vernos atónitos. Más tarde, delfines jugueteando en la proa. Nos reconforta pensar que la mar sigue viva…y nos miramos sonrientes.

La llegada a Carloforte en Cerdeña se prevé para el dia siguiente, será mi primera navegación nocturna solo, ya que al ser dos, hay que organizar ciertas guardias para hacer posible el descanso del otro. Sin duda es reconfortante ir acompañados por otro velero que a la llamada por radio: “Camaira, Camaira, Camaira, here Aislado do you copy, over” respondemos entre risas, anécdotas y canciones dedicadas.

Ya de noche, vemos unas luces en el horizonte justo en frente, así que tanto Vaungh en el “Aislado” como Nico en el “Camaira” utilizan diversas formas para identificar el rumbo de la embarcación sin muchos resultados. Parece ser otro velero que poco a poco se desplaza a nuestro babor, donde se encuentra el Aislado. Vaungh intenta repetidamente llamar por radio, pero nadie contesta, parece un barco fantasma haciendo nuestra misma ruta pero en sentido contrario con el consecuente riesgo de colisión. Finalmente cuando ya estamos a pocos metros de él, Vaungh enciende un potente foco para iluminarlo y para sorpresa nuestra nadie está de guardia en el barco. Cómo se puede dejar una embarcación con el piloto automático en marcha e irse a dormir sin mas??? El barco pasa entre nosotros a pocos metros de distancia.

Empezamos a ensayar ciertos gestos a la italiana tan recurrentes, juntar los dedos de una mano hacia arriba o juntar los dedos de las dos y con los índices y anulares formar cierto triángulo casi tántrico en señal de reflexión. Lo de chillarnos cuando hablamos ya veníamos haciéndolo, no sé si por mi sordera o porqué es una práctica habitual para oír las órdenes cuando uno navega con viento. Llegamos a aguas territoriales italianas y hizámos la bandera de cortesía.

Tirar la caña mientras uno navega casi supone una manera de añadir más elementos de distracción, sobretodo en los monótonos recorridos largos de horizonte 360º. Después de tres veces oír el carrete, detener el barco e intentar parar las acometidas de un bicho que sin ver, aparece enorme en nuestras cabezas, el último tira tanto del hilo que se lo lleva por delante. No vamos a pescar esta vez. No en el caso de Vaungh, que al rato de tirar la caña, se da cuenta que lleva arrastrando un no sé qué en la superfície pidiendo clemencia…el atún ya mas muerto que vivo acabará acompañandonos en cada una de las próximas comidas, será sashimi, atún a la plancha, al horno, a la bilbaina, con pasta, con arroz…desayuno, comida y cena.

Ya con poca luz, fondeamos en una playa cerca de Carloforte, casi exaustos después de 36h de navegación y 200 millas, toca descansar.

A la mañana siguiente y después de un baño nos acercamos a Carloforte para perdernos por sus calles con el encanto de las sisís con ropa tendida, desiertas a pleno sol y llenas de bullicio y gente ya entrada la tarde. Hacemos noche fondeados en puerto.

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