LA CONTRACRÓNICA

Obviamente no es una historia para reír pero el periplo para visitar los campos de refugiados es bastante cómico y merece ser contado.

La primera parada fue en Garissa, a 6 horas en autobús desde Nairobi. No fue fácil encontrar alojamiento porque era miércoles, día de mercado de animales, y estaban los hoteles llenos. Al final encontramos una habitación en un sitio peculiar pero bastante limpio, regentado por un musulmán que no veía muy claro que durmiésemos 2 chicos y una chica en la misma habitación. Pronto por la mañana cogimos el bus a Dadaab, un trayecto de menos de 100km que tardamos unas 3 horas en recorrer. No hay carretera y se circula por el desierto.

Nada mas llegar un hombre cojo llamado Noor nos prestó sus servicios como guía al campo de refugiados, previa compra de chat o miraa, la planta que se mastica y coloca. Sin saber como era el protocolo fuimos al campo Ifo 1 donde secuestraron a las chicas españolas y en Care Kenya dicen que no se puede ir sin seguridad (soldados armados) y es necesaria la autorización de una tal Betina, la relaciones públicas de Naciones Unidas que lleva el tema del campo de refugiados. En el recinto de las ONG repitieron el nombre de Betina, que es ella la que debe autorizarnos pero no se encuentra ahí en ese momento así que nos vamos al recinto de la policía. Florence, una de las trabajadoras, alucinando porque estábamos ahí diciendo que éramos profesores y queríamos conocer la realidad de los refugiados para contarlo luego en nuestro país, busca a otro chico que, muy preocupado, nos consigue alojamiento. De hecho ya teníamos habitación en un hotel bastante mugriento, pero entre dormir en esa habitación con colchones sospechosos o en una tienda de Acnur con mosquitera y ventilador no había duda alguna. Eso si, pagando (5$ por persona). Nosotros contentos y ellos tranquilos porque estaríamos muy seguros ahí dentro. Las medidas de seguridad consisten en las puertas del recinto abiertas, una valla de alambrada no muy alta y rota en algunas partes y una garita donde a veces había alguien vigilando. Por no hablar de la cantina, que es el centro popular del pueblo y el acceso es libre. Policías, soldados y los vecinos de Dadaab se reúnen aquí para cenar, beber cerveza y ver la televisión. Eso si, si llevas uniforme o armas no te venden alcohol, que está muy bien.

Conseguir la autorización fue fácil, Betina no aparecía pero otro jefe nos pidió que escribiéramos los motivos porque queríamos entrar en los campos y lo firmó. Y con ese papel fuimos a pedir los escoltas y el coche, porque sobretodo, no podíamos salir del recinto porque era muy peligroso. 4 horas mas tarde resulta que teníamos que buscar nosotros el coche, fuera! Y que lleváramos al conductor para comprobar que era de fiar. Al final 4000ksh (40$) para el taxista y 3000ksh (30$) para los soldados.

Volvimos de los campos sobre las 3 de la tarde y no había bus de vuelta a Garissa, tampoco teníamos dinero para pasar una noche mas en la tienda de Acnur y aquí no hay bancos. Pero se abrieron los chacras y nos dejaron dormir gratis. La historia de los profesores chiflados les debió parecer, por lo menos, curiosa.

Conocimos a un cooperante norte americano que, muy pelotudo como diría Pablo, sin querer alarmarnos dijo que éramos una diana fácil para los secuestradores y no debíamos estar ahí. A él, que lleva bien visible una tarjeta con su foto, color de ojos, grupo sanguíneo y peso, si le pasa algo le irían a buscar porque está amparado por su organización, pero a nosotros quien nos buscaría? Evidentemente el favor de llevarnos en coche a Garissa no era viable porque su chófer no quería a nadie desconocido. La cooperación entre muzungus no funciona.

Llegamos a Garissa el sábado en el único coche de la policía que escoltaba el convoy de una treintena de vehículos de ONG’s, que aprovechan el fin de semana para ir al banco y hacer compras. El viaje fue de los mas movido…después de dos días de lluvia el camino por el desierto era bastante impracticable. Pero al fin llegamos y un bus a Nairobi salía en media hora. Primera parada: checkpoint en la salida de Garissa. Todo el mundo fuera del autobús, hombres a un lado y mujeres al otro y dos policías comprueban los documentos de los pasajeros, unos documentos que en la mayoría de los casos son papeles arrugados y medio rotos. Y atención, al estilo CSI pero con una lupa de mirar sellos los agentes comparan las huellas dactilares de todos los pasajeros! Asombroso. Después de este tramite parece que arrancamos. El camino de vuelta se hace eterno y encima el autobús chocó con un coche en Nairobi. Sólo soñábamos con una buena ducha y algo para comer, los últimos tres días nos alimentamos a base de de galletas, chapati, plátanos y algo de arroz. Sobre higiene personal y nuestras pintas no daremos detalles…

Por cierto, no conseguimos conocer a Betina.

Comments
One Response to “LA CONTRACRÓNICA”
  1. viatxans dice:

    Vaya movidaaaaaaas!!!!!

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